Los derrotados tienen sangre en el ojo. Su golpe fracasó y, como vienen demostrando desde el 2011, son pésimos perdedores. Lo que es peor para ellos: la reacción popular les ha demostrado que, a pesar de controlar el discurso oficial desde hace décadas, a pesar de haberse asegurado de despolitizar la televisión, a pesar de haber copado los poquísimos espacios de debate que quedan en los medios, su influencia directa en la opinión pública es insignificante. Nula. Solo un 5% de los peruanos se ha comprado su visión la realidad. El resto del Perú –en la práctica, la totalidad del Perú– está en…
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