Hace 15 años el Estado peruano le cerró las puertas a nuevas concesiones mineras en el sur de la Amazonía, específicamente en la región Madre de Dios. Más que una acción preventiva fue una reacción tardía ante la devastación generada por esta actividad: según datos del Ministerio de Ambiente, entre los años 2000 y 2011 se habían devastado al menos 35 000 hectáreas en el departamento asociadas a actividades mineras, un área equivalente a más de 49 000 canchas profesionales de fútbol. Para entonces, la fiebre del oro ya había arrasado bosques, dañado cauces de ríos y degradado la tierra con mercurio.…
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